
La cuarta película de la saga El Conjuro -que llegó a cines en 2013- está inspirada en un caso real investigado por los famosos demonólogos Ed y Lorraine Warren: el de la familia Smurl. Este hecho ocurrió en la década de 1980 en West Pittston, Pennsylvania, y se convirtió en uno de los episodios más notorios de la carrera de los Warren debido a la intensidad de los fenómenos que se registraron.
La familia Smurl, compuesta por Jack, Janet y sus cuatro hijas, se mudó a una casa antigua construida sobre terrenos que antes eran minas de carbón. Pero pronto comenzaron a experimentar sucesos extraños como ruidos inexplicables, apariciones oscuras y olores extraños que parecían seguirlos dentro de su hogar. Con el tiempo, la situación se volvió tan insoportable que afectó su salud emocional y física, y los llevó a buscar la ayuda de los Warren.
Los Warren documentaron cuidadosamente el caso, describiéndolo como un ataque de una entidad maligna que parecía empeorar con el tiempo. Sin embargo, se asegura que la familia Smurl vivió momentos de gran angustia, con la sensación constante de estar bajo la influencia de fuerzas que no podían controlar ni comprender del todo. Además este caso se volvió un referente dentro de la investigación paranormal en Estados Unidos.
Con esta película también se cierra la historia principal de los Warren dentro de la franquicia cinematográfica. Aunque la narrativa se centra en la saga del matrimonio, las películas derivadas de este universo -como Annabelle o La Monja– podrían seguir cruzándose cronológicamente